jueves 25 de noviembre de 2010

Espíritu deportivo y faltas intencionadas: ética y estética



La expulsión presuntamente urdida por los jugadores del Real Madrid en su partido contra el Ajax el pasado martes ha provocado que se escriban ríos de tinta acerca de si tal comportamiento es o no es antideportivo y si, eventualmente, deben o no ser sancionados por la UEFA. Como es bien sabido a falta de unos minutos para acabar el partido (que ya tenían claramente ganado), ambos jugadores perdieron deliberadamente tiempo a la hora de sacar sendas faltas provocando que el árbitro les mostrara la segunda tarjeta amarilla. De esa manera, y puesto que ya el Real Madrid acabará como líder de su grupo, ambos jugadores cumplirían la sanción reglamentaria el próximo partido de la liguilla contra el Auxerre y podrán pasar "limpios" de tarjetas a la siguiente fase.

La provocación de una tarjeta amarilla en circunstancias similares no es una práctica nueva, sino que más bien es frecuente en el mundo del fútbol. Está tan extendida que forma parte del ethos, de las reglas no escritas pero seguidas del fútbol. Parte de la conmoción y debate surgido en el caso relatado se debe a que haya sido un equipo de la entidad del Real Madrid (que en su himno presume de nobleza y honor, y que en ocasiones pasadas ha multado a sus jugadores por actos análogos) y la dramatización orquestada, parece ser, por el entrenador, Jose Mourinho, quien añade un episodio más a su dilatada historia de entrenador histriónico y provocador.


Este episodio deportivo es interesante por cuanto conduce a cuestionarse el sentido y justificación de algunas de las reglas que rigen las competiciones deportivas y en concreto, el fútbol. Así pues, la cuestión es si tales comportamiento deberían estar sancionados explícitamente en los reglamentos deportivos al ir en contra de las reglas y principios del deporte. Para ello parece conveniente preguntarse dónde radica el daño que producen acciones de este tipo. Parece claro que lo que se trata de proteger con el "espíritu deportivo" o la idea de "juego limpio" son varios bienes. Uno de ellos es la integridad física de los jugadores contrarios, aspecto que con estas acciones no se puso en peligro, es decir, no hubo juego violento. Otro de estos bienes a los que se alude con el juego limpio es evitar que el equipo de los jugadores infractores se aproveche de manera injusta del equipo contrario, como por ejemplo, sacar un beneficio de la confianza del equipo rival que ha enviado la pelota fuera del campo para que se pueda atender a un jugador lesionado. Por ejemplo, el Barcelona marcó un gol en esas circunstancias en un partido de Champions de hace un par de temporadas.


Un tercer factor que incluye el juego limpio es desincentivar las acciones tramposas, es decir, la violación intencional de las reglas del juego con el objetivo de conseguir una ventaja injusta sobre los competidores. Ahora bien, si injusta se define en este contexto por la intención de engañar, lo paradójico de la acción de los jugadores del Real Madrid es que no se acomoda a lo que normalmente caracterizamos como trampa o ventaja injusta pues su violación de las reglas no se hizo a escondidas para tratar de evitar la sanción, sino que precisamente su acción trató de ser lo más evidente para así recibir la sanción del árbitro. Esperaban y aceptaron gustosamente la sanción. Un caso de falta similar ocurrió en el pasado Mundial cuando en el minuto final del partido, un jugador uruguayo tocó intencionalmente el balón para impedir que entrara en la portería. De esa manera, obtenía una ventaja "injusta": evitaba el gol a cambio de la expulsión y el penalti. La estrategia le salió perfecta pues a continuación el jugador rival fallaba la pena máxima. En definitiva, en ambos casos no hay intención de engañar, sino más bien lo contrario. Sin embargo, el paralelismo de ambas jugadas no es total pues en este último caso hay un daño al equipo rival al privarle del gol que hubiera decantado la victoria irreversiblemente.


Otra cuestión es qué tipo de ventaja obtienen los infractores. Aquí parece necesario constatar que no se pone en desventaja al rival ni se obtiene beneficio propio en el mismo partido, pues obviamente, el resultado de la acción supone dejar al equipo con menos jugadores. Y tampoco es una estrategia útil para el próximo partido, pues el club que no podrá contar con esos jugadores. La ventaja, obviamente, consiste en que los jugadores empezarán la siguiente fase la Liga de Campeones sin tarjetas que puedan amenazar su participación en un futuro partido. Pero se trata de una ventaja a largo plazo y con un cierto grado de indeterminación pues el equipo puede quedar eliminado a las primeras de cambio. Por otro lado, tampoco se trata de una ventaja en el sentido de que únicamente pueden realizar estas estrategias algunos equipos y otros no. Todos pueden realizarlas, y de hecho, lo hacen cuando su interés está en juego.

Por último, podría entenderse que con espíritu deportivo lo que se está tratando de fomentar es que los deportistas realicen acciones que van más allá del deber que imponen las reglas escritas, como por ejemplo, ayudar a levantarse un rival que ha caído. Por razones conceptuales este tipo de exigencias no forman parte de los códigos deportivos y ni siquiera de los principios subyacentes al "espíritu deportivo". Pero aún si lo estuviera, también forma parte del espíritu del deporte tomar decisiones estratégicas que permitan sacar el máximo provecho de lo que permiten las reglas, especialmente, cuando tales decisiones no dañan de manera efectiva a los rivales. Penalizarlas sería instaurar lo que los juristas denominan delitos sin víctima, que como tales carecen de justificación. La polémica, me parece, surge por dos factores: porque se trató de dos autoexpulsiones y por la manera cómo se llevó a cabo la transmisión de la directriz de provocarlas. El daño de estas acciones no es tanto ético, como estético.



1 comentarios:

David Felip dijo...

La captivadora prosa d'en José Luis tal vegada no ens permet veure algunes altres interioritats del problema. Cal diferenciar dos menes de sancions en matèria disciplinària esportiva. Primerament, les que s'apliquen durant el partit: amonestació o expulsió (directe o per segona amonestació). Formen part també de les regles del joc, del partit en qüestió. Aquí no hi veig cap problema: qui es fa mereixedor de targeta, se'l sanciona in situ amb la conseqüència prevista, sigui o no provocada. La graduació del càstig és molt rudimentària. Una segona targeta groga molt discutible té el mateix càstig que una agressió amb traïdoria i acarnissament a l'arbitre: l'expulsió. Ara bé, les infraccions greus comeses al camp són, endemés, sancionades amb mesures destinades a projectar-se en la competició. Aquí ja es fila molt més prim amb la naturalesa i gravetat i de la conducta i la sanció trascendeix el matx on es va producir el fet i es projecte cap el futur. Així, la segona targeta groga només comportarà un partit de sanció mentre que l'agressió a l'àrbitre, una suspensió de fins a sis mesos. Doncs bé, casos com el que ens ocupa són un clar frau de llei ja que es pretén l'aplicació formal i aïllada d'una norma disciplinària amb la finalitat, precisament, d'evitar els efectes realment perseguits per la regulació defraudada: retrospectivament, castigar de manera efectiva a l'infractor reiteratiu i, prospectivament, dissuadir-lo i minvar la seva capacitat competitiva. A l'espera d'una regulació específica més rigurosa, la solució és clara. Senzillament no aplicar la norma amb què s'intenta defraudar i seguir mantenint l'amenaça de suspensió en cas de nova amonestació.

Tanmateix aquests murrieries poden no sortir de franc. Els dos jugadors, per aquesta via, han entrat abans d'hora en el segon cicle de targetes, de manera que ara ja només en caldran dues per arribar a una nova suspensió. Posem pel cas que en Sergio Ramos fos amonestat per segona vegada al partir de tornada d'una hipotètica semifinal. Segur que s'enrecordaria llavors de la gratuïta targeta d'Amsterdam. Justícia poètica? O més aviat la inmensa fortuna d'estalviar-se estar en el camp quan fossin derrotats a la final pel millor equip del segle XXI?.